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Balsas de riego.

Las Balsas de riego son huecos en el terreno que se aprovechan para el llenado de agua, natural o artificialmente. Se definen en España como la "obra hidráulica consistente en una estructura artificial destinada al almacenamiento de agua situada fuera del cauce y delimitada, total o parcialmente, por un dique de retención". Con nuestras lonas especiales reduciría el coste que supondría para las comunidades de regantes la instalación de otros sistemas, más caros y sin las mismas garantías de nuestros productos.

Materiales Empleados.

Para conseguir la impermeabilidad de la balsa se puede usar:

  • Materiales naturales como la arcilla. Será necesario disponer de tongadas de arcilla. Es el mejor material si existe en las proximidades. A veces se usa otro material en los taludes que sea más resistente.
  • Materiales artificiales:
    • Aglomerado asfáltico: Su coste es alto. Se usa en taludes de 1/1'80 o incluso 1/1'60.
    • Pantalla de hormigón armado
    • Láminas sintéticas delgadas: Son las más usadas y estudiadas. Son un conjunto de productos derivados de los polímeros sintéticos que se conocen más comúnmente como geosintéticos.

Elementos de una balsa.

  • Capa soporte o soporte base: Ofrece una superficie continua y regualar repartiendo los posibles asentamientos diferenciales. Puede ser el propio suelo natural u hormigón poroso. No puede haber irregularidades mayores de 2 mm si se quiere poner una lámina.
  • Drenaje
  • Capa de protección
  • Muro perimetral de anclaje
  • Entrada del agua
  • Salida del agua
  • Aliviaderos

Tratamiento del agua.

El agua de riego se almacena al aire libre, donde se crea un medio favorable para el desarrollo de algas, cuyo problema más importante es que obstruyen con mucha frecuencia los filtros, lo que obliga a lavados frecuentes.

El tratamiento más efectivo contras las algas es la aplicación de un sulfato de cobre a la dosis de  0.05 a 2 g/m3 según la especie de algas a tratar. Como normal general se puede aplicar esta dosis, con lo que se previene el desarrollo de cualquier tipo de alga.

Cuando las algas están ya desarrolladas hay que aplicar una dosis de 4-5 g/m3 de agua a tratar. Para que la distribución sea uniforme, el sulfato de cobre se coloca en unos recipientes de plástico con agujeros, situados en la superficie.

El sulfato de cobre no se debe utilizar cuando haya tuberías de aluminio en la instalación. En este caso se puede utilizar quelatos de cobre (más caros que el sulfato) u otros alguicidas no tóxicos para los cultivos.

Microorganismos en el interior de la instalación.

La causa más frecuente es la proliferación de algas microscópicas y bacterias en el interior de la instalación. La mayor o menos proliferación de estos microorganismos es debida a factores tales como la calidad del agua, su temperatura… etc.
En las tuberías más o menos transparentes a la luz, se desarrollan unas algas filamentosas que pueden provocar obstrucciones. Para evitar este inconveniente, las tuberías deben estar enterradas o ser de colores oscuros.

Los residuos de algas muertas que atraviesan los filtros junto con algunos iones ( hierro, sulfuro y magnesio) contenidos en el agua son un buen alimento para ciertas bacterias que oxidan las formas solubles transformándolas en insolubles, que precipitan. Estos precipitados se unen a los cuerpos de las bacterias formando un mucílago o una masa gelatinosa que se adhiere a las conducciones y a los goteros.

El tratamiento más eficaz y económico para destruir algas y bacterias (y en general la materia orgánica) es la cloración, incorporando al agua de riego hipoclorito sódico o cloro gaseoso, que a su vez tiene el inconveniente de que es muy peligroso y requiere personal especializado para su aplicación .En instalaciones pequeñas suele aplicarse hipoclorito y en instalaciones grandes, cloro gaseoso.

Para que se produzca la muerte de los microorganismos se requiere un tiempo de contacto de 30-60 min, por lo que los tratamientos preventivos suelen aplicarse al final del riego, dejando el agua tratada en las conducciones hasta el próximo riego. La acción biácida es más efectiva con PH bajo y temperatura alta.

La inyección de cloro o productos clorados se realiza antes del sistema de filtrado, para evitar el crecimiento de algas y bacterias en los filtros. Por otra parte, los productos insolubles de hierro, magnesio y azufre que se hayan podido formar r la acción oxidante de cloro pueden ser retenidos por los filtros.

La cloración no debe realizarse al mismo tiempo que la irrigación con abonos nitrogenados, ya que se producen unos compuestos muy estables, que permanecen en el agua bastante tiempo, pudiendo dañar los cultivos.

Cuando ya se han formado los mucilagos (mezcla de microorganismo y precipitados) que obstruyen total o parcialmente los goteros se necesita un tratamiento de limpieza con una concentración de cloro libre de 500-1000 ppm. Se mantiene en la instalación durante 24h y a continuación se lava con agua a presión para arrastrar los sedimentos. No es recomendable el tratamiento con dosis inferiores.

Las dosis altas de cloro causan daño en los cultivos, por lo que los tratamientos de limpieza deben hacerse cuando no haya cultivos, o en caso contrario, hacer un lavado abundante para diluir el cloro residual que sale por los goteros. El cloro ataca el latón por lo que se evitara el contacto con aquellos elementos que lo contengan.

Los precipitados químicos se producen cuando se modifican las condiciones del agua y cuando se evapora el agua de los goteros después de cada riego, lo que hace aumentar la concentración de sales disueltas.

Las obstrucciones más frecuentes son las provocadas por carbonato cálcico, se pueden prever controlando el PH del agua y limpiar periódicamente las conducciones con un acido, seguido con un lavado con agua a presión. Los ácidos comúnmente utilizados para estos tratamientos son: nítrico, sulfúrico y clorhídrico.

Al final de la campaña cuando  no hay cultivo se puede dar un tratamiento general  con ácido nítrico. Hay que tener la precaución de no mezclar los distintos ácidos y de incorporar el ácido al agua y no el agua al ácido. La inyección del acido se hace después del sistema de filtrado para evitar corrosiones de los elementos metálicos.

Cuando la obstrucción es muy grave, se deben introducir los goteros en baños de ácido. En cualquiera de los dos casos hay que calcular si resulta más barato hacer esta aplicación o sustituir los goteros por otros nuevos.

Cuando la arena se contamina de precipitados de carbonatos conviene cambiar la arena, que resulta más barato que limpiarla. El empleo de fertilizantes acidificantes puede ser un buen método para mantener limpia la instalación. En algunos casos tan solo es preciso utilizar ácido una vez al año para hacer una limpieza profunda de la instalación. 

 

Autor: Rocío Mejías Navarro

 

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